Tawba: Recuerdo de Allâh

Islâm significa rendición incondicionada a Allâh. El musulmán somete su existencia a su Único Creador, y con ello está preparado para proponerse un Camino hacia Él, buscando  conquistarlo (el Fath, la Iluminación). La sujeción a la Sharî‘a es una necesaria purificación con la que se abandona el mundo de los ídolos y el aspirante se asoma al Dominio de Allâh. El Islâm es el espacio infinito de Allâh, en el que reina Él Solo, por tanto, el Islam es conforme a la Verdad y coincide con la esencia de las cosas. El sufismo (Tasawwuf) comienza aquí, y consiste en saborear el Islâm. El musulmán, al someterse a la Sharî‘a ha despejado su mundo, lo ha trasformado en Dominio de la Verdad. El sufí avanza por ahí hasta Allâh mismo.

Para ello hace falta una intención muy poderosa, a la que se da el nombre de Tawba, que significa Retorno hacia Allâh. La Tawba es una radical ruptura con el mundo anterior, es una decisión firme que se propone exclusivamente a Allâh como meta. Al-Qushairi dijo: “Tawba es la primera estación de los peregrinos y es el primer rango de los buscadores”. As-Sarrây dijo: “Tawba es el primer momento de los que se consagran a Allah”. Abû Tâlib al-Makki dijo: “Tawba es la primera raíz de los rangos de la Certeza y en la que beben sus estados espirituales los temerosos de Allâh”. Al-Ghazzâli dijo: “Tawba es el comienzo del Camino y es el primer paso que deben dar los aspirantes”. Se trata, pues, de un noble instante de lucidez que tiene una fuerza tal que inspira todo el proceso a seguir hacia Allâh, y por ello se dice que de él beben los que se dirigen hacia Allâh. Al-Yîlâni dijo: “Oh, creación de Allâh… Retornad hacia Allâh. Reconciliaos con vuestro Señor haciendo mediar un Retorno hacia Él. Todos necesitáis realizar un acto de Tawba”.

Tawba, el Retorno hacia Allah, es una auténtica conversión hacia Allâh. La Tawba es exigida a todos los musulmanes, en realidad es un deber de todos los seres humanos. El Corán dice: “Volveos hacia Allàh todos”. Por acertado que se sea en materia de ‘Aqîda, por extensa que sea la Ciencia de alguien, por severo que sea en sus prácticas del Islam, aún se está lejos de Allâh si en el corazón no hay un auténtico deseo de retornar a Allâh. La Tawba se manifiesta primero como rechazo a todo lo que nos aparta de Allâh, es una renuncia a los dzunûb, a las ignorancias, torpezas, negligencias y crueldades del ser humano. Se trata de reconocer el error y la falsedad (játa) para pasar así a la Verdad (al-Haqq).

El dzanb, traducido con frecuencia como pecado pero que no tiene las consonancias metafísicas que en el cristianismo, es el resultado del egoísmo (nafs) y el aferramiento al mundo (duniâ), de la miseria que resulta de la ‘ausencia’ de Allâh. Tiene su origen en Shaitân, el Demonio, que es “estar lejos de Allâh”, es “apartarse de la Rahma, la Misericordia”, y eso es el Enemigo del ser humano, la fuente de todos sus padecimientos y frustraciones. Tawba es volver a mirar hacia Allâh, dejando atrás los dzunûb, las maldades que nos sumergen en el fuego de la existencia separada. Y lo primero es tomar conciencia de que eso es así, y la puerta por la que se entra en el terreno de la Tawba es el Istigfâr, que consiste en pedir perdón a Allâh. Sidnâ Muhammad (s.a.s.) pedía perdón a Allâh al menos setenta veces cada día y cada noche.

El dzanb es inevitable, es en lo que estamos hasta que nos damos cuenta de nuestro vacío y nuestra necesidad de Allâh, de ser colmados en lo eterno que está en todas las raíces, abandonando la miseria. El Profeta (s.a.s.) dijo: “Todo ser humano se equivoca, y los mejores entre los que se equivocan son los que se vuelven hacia Allâh, es decir, los que hacen Tawba, los que reconocen su error, piden perdón por él, lo enmiendan y lo superan. Allâh ha creado el dzanb para que haya un punto de partida y un avance hacia Él. El dzanb, y tomar conciencia de él, es la clave para que se inicie el proceso hacia la Inmensidad. Todos los profetas, desde Adán, despertaron hacia Allâh porque descubrieron el dzanb, y lo primero que hicieron fue pedir perdón, como dice al-Yilâni: “Si ese fue el caso de esos grandes señores, jefes de la creación y cabezas de la Ley, soberanos entre los hombres, ¿qué es de ti, oh pobre? Estás en la casa de la arrogancia, en el feudo de Shaitán, rodeado por los ejércitos del enemigo, sumido en la creación, en la frivolidad, en el ego, en las pasiones y en las obsesiones, creyendo en los adornos y limitándote a devociones formales…”.

(Fuente: Musulmanes Andaluces)

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